La atención médica de las personas con discapacidad es un derecho que se establece en el artículo 25 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en el que se señala que "las personas con discapacidad tienen el derecho al más alto nivel posible de salud sin discriminación. Deben recibir la misma gama, calidad y nivel de servicios de salud gratuitos o asequibles que se proporcionan a otras personas, recibir los servicios de salud que necesiten debido a su discapacidad, y no ser discriminadas en el suministro de seguro de salud." Sin embargo y a pesar de que México es promotor de la Convención, hoy en día las instituciones de salud pública no cuentan con las adaptaciones necesarias para ofrecer una atención médica accesible que haga valer este derecho.
En general los hospitales de salud pública no cuentan con intérpretes de lengua de señas, ni indicaciones médicas en sistema braille, tampoco grúas ni camillas adaptadas para la atención de quienes tienen alguna discapacidad motriz, de modo que las personas con discapacidad forzosamente siguen dependiendo de alguien más para poder asistir a una consulta médica situación que se torna más complicada cuando una mujer con discapacidad requiere la realización de un estudio ginecológico.
Dis-capacidad.com platicó con la doctora Verónica Martínez Vega quien desde su experiencia como médico asegura que, “la medicina es humanista y como médicos tenemos la obligación de atender a cualquier persona sin importar su condición y también estamos obligados a informarles sobre los procedimientos que realizaremos”.

En su experiencia la doctora Verónica ha atendido a dos mujeres con discapacidad motriz y un paciente con discapacidad auditiva, lo cual asegura, “fue un poco difícil pues necesitaba de la ayuda de sus familiares, en el caso de las mujeres para poder moverlas y hacer una revisión y en el caso del paciente sordo, de un intérprete que me ayudó “.
Martínez Vega considera que la atención a mujeres con discapacidad resulta complicada, “principalmente porque los hospitales no cuentan con las adecuaciones necesarias para ofrecerles una atención de calidad. En cuanto a exámenes ginecológicos, principalmente exploraciones vaginales siempre es necesario que un familiar nos ayude para movilizar a la paciente. También debemos contar con el apoyo de una enfermera, sin embargo esto no ocurre siempre y creo que (esta carencia) es una forma de discriminar a las pacientes”.
Un estudio que muchas mujeres, sobre todo quienes andan en silla de ruedas, dejan de practicarse “es la mastografía, ya que para hacerlo es necesario que la paciente esté de pie, sin embargo no hay adaptaciones que permitan mantener en esta posición a las pacientes. Pero no sólo las adecuaciones son limitantes, he visto y no debería de ser así que muchas veces la actitud de los médicos que por falta de vocación niegan la atención y esto aumenta la discriminación”.
Le preguntamos también sobre la controversia que provoca la histerectomía en mujeres con discapacidad intelectual, sobre todo cuando ésta es solicitada por los padres o tutores, “esta práctica se ha convertido (indebidamente) en un protocolo, pero es importante examinar bien a las pacientes y sólo se debería realizar cuando médicamente se requiera. Es común que cuando existe alguna discapacidad severa, los genitales y órganos reproductivos de estas mujeres no estén bien desarrollados y esto puede traerle alguna complicación para su salud”.
De manera que sólo recomienda esta práctica en caso de ser medicamente necesaria, “de lo contrario me opongo a hacerlo porque finalmente debemos respetar los derechos de nuestras pacientes y uno de ellos es la maternidad. Además muchas veces no solo hacen la histerectomía sino que además retiran ovarios lo que les perjudica”. Cómo médicos, “no debemos olvidar que la valoración de nuestros pacientes es individual, debemos dejar de generalizar”.
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