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#YoCuido: el movimiento para hacer visible el trabajo de cuidados, ante la sociedad y el Estado

«Si fuera por el Seguro Social, mi hijo ya no viviría. Me lo dieron de alta a los 20 días de nacido, dormido, no despertaba, así lo bañaba, lo cambiaba, me decían que así me lo llevara, solo me dieron una receta para el medicamento y que ya no tenía que regresar”. Pero Miriam, a quien hemos cambiado el nombre para proteger su identidad, sabía que algo no estaba bien con Andy, su hijo.

Consiguió que lo recibieran en el Instituto Nacional de Pediatría (INP) y ahí le dijeron que no despertaba porque Andy tenía un elevado nivel de amoniaco en la sangre. Aún a la fecha, 7 años después, la familia no cuenta con un diagnóstico preciso, Andy tiene parálisis cerebral, epilepsia y necesita usar oxígeno suplementario. Ella se dedica por completo a cuidarlo, tiene una hija mayor que estudia medicina y está ocupada todo el tiempo en su formación como especialista; su esposo está fuera de casa todo el día, trabajando.

Iker con su mamá y otra activista de “Volando sobre montañas. Juntos por la epilepsia. Sonríen y llevan un cartel que dice: #YoCuido Necesitamos derecho al cuidado.

El trabajo de cuidados no es remunerado, ni reconocido por el Estado. “Me preguntan por qué me gusta tanto ir al supermercado, no me entienden que esas son las únicas salidas que tengo, es el rato que puedo salir yo sola, ¡hasta lo disfruto!”. Ser cuidadora 24/7 no es fácil, Andy requiere de mucha atención, además, las instituciones de gobierno que deberían apoyar, empezando por despejar el camino, en realidad lo hacen más difícil. Miriam nos cuenta que gracias al trabajo de su esposo son derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), aprovecha el servicio para obtener algo del medicamento, y también para que le surtan el oxígeno que ocupa diariamente. Pero hasta eso fue una batalla, literalmente tuvo que reclamar ante distintas ventanillas para que le autorizaran contar con el oxígeno porque cuando lo solicitó por primera vez simplemente se lo negaron. Le pedían llevar en la madrugada a su hijo para demostrar que necesitaba el apoyo.

Ante esos obstáculos, que son parte de la rutina, más que la excepción, las madres como Miriam se vuelven unas fieras y tienen que pelear a gritos por el derecho a la salud de sus hijos, ni esperanzas de que peleen por su propio derecho a la salud. Quedan agotadas. “En lugar de que nos quiten los obstáculos, parece que se trata de que nos pongan más”, dice con los ojos inyectados de coraje. La falta de accesibilidad física es también parte de la rutina: “Es prácticamente imposible que yo use el transporte público cuando salgo con Andy, imposible moverse con la carriola por la falta de accesibilidad; siempre tenemos que usar taxi, lo que hace muy cara cualquier salida a la calle.”

Y eso no es lo peor a lo que se enfrenta. En medio de la conversación, Miriam me confía que para conservar la atención que le dan a Andy en el INP debe mentir sobre su calidad de derechohabiente del IMSS, porque un requisito para ser usuario de los hospitales nacionales de especialidades, como el Nacional de Pediatría o el de Cardiología, es no contar con otro servicio de seguridad social. Es un viejo requisito que existe supuestamente como un filtro para que sólo los más necesitados hagan uso de estos servicios. Pero todos son los más necesitados; la atención a las enfermedades que requieren atención especializada son incosteables para la mayoría de las familias mexicanas, catastróficas, les llamaban en sexenios anteriores.

Al frente, en silla de ruedas, Carlos, detrás de él su mamá Margarita Garfias, a la izq. Roxana Pacheco, acompañadas de una decena de activistas.

Entonces, casi todos los usuarios mienten, sin embargo, el requisito ha permanecido así por años, aunque en los hechos implica una simulación. Lo que es innegable es el estrés que provoca en Miriam, su voz se quiebra: “vivo angustiada de que no me vayan a descubrir que tenemos el IMSS, no me gusta hacerlo, pero cuando me preguntan tengo que negarlo, en una ocasión una trabajadora social del INP me descubrió, sin embargo me dijo que ella no iba a hacer nada para perjudicarnos, así que me aconsejó dar otra fecha de nacimiento de mi hijo cuando me preguntaran el dato, para que no lo detectaran en el sistema”. Así es el juego y sabe que debe jugarlo con esas reglas, porque la atención en el Seguro Social no es opción: “Si por ellos fuera, mi hijo ya no estuviera aquí”.

Mientras va compartiendo su testimonio, Miriam deja salir unas lágrimas recordando los agravios, las barreras que le han puesto en el camino quienes debieran despejarlo, las noches de mal dormir, siente de pronto el peso y la soledad de un trabajo que no sabe de horarios, fines de semana ni días de descanso. Como la mayoría de las mujeres que se dedican al trabajo de cuidados, no cuentan con apoyo psicológico, ni tiempos de respiro. Una terapia privada se sale del presupuesto y como ella comenta, “no he encontrado quién me entienda, las terapeutas que he visto no se explican cómo es que puedo hacer todo lo que hago sin descanso.”

Ella, Andy y su familia participaron el domingo 10 de noviembre en la Ciudad de México, en la Primera Marcha por el Derecho al Cuidado, por los derechos de las personas (en su mayoría, mujeres) que se dedican al trabajo de cuidad de otros, ya sea a un hijo con discapacidad e intensas necesidades de apoyo, a adultos mayores o a familiares con alguna enfermedad crónica. Con el lema #YoCuido, varias decenas de familias exigieron el reconocimiento al valor de este trabajo, que representa el 23.3% del Producto Interno Bruto (PIB), porque si bien ya está reconocido por la Organización Mundial de la Salud, que ha emitido lineamientos para que los gobiernos establezcan un piso mínimo de bienestar para las cuidadoras y los cuidadores, en el Estado mexicano todavía no se legisla sobre la materia, ni se proveen servicios de apoyo en la comunidad a quienes cuidad.

Padres y abuelos, también se hicieron presentes en la manifestación.

Por eso las organizaciones convocantes, Familias y Retos Extraordinarios, A.C, Bienvenido a Holanda, con Margarita Garfias, mamá de Beto, al frente, junto con Apapache Autismo, Semillas de Amor, La Discapacidad nos Une, y grupos de apoyo que han formado las propias mujeres en torno a sus hijos, varios con parálisis celebrar y epilepsia, con síndromes como el de Angelman (un trastorno neurológico que afecta el desarrollo del habla, causa discapacidad intelectual y epilepsia) el de Lennox Gastaut (parálisis, epilepsia y discapacidad intelectual, entre otros rasgos), salieron a la calle para dar visibilidad al trabajo de cuidados, conocerse y reconocerse entre sí, y anunciar un posicionamiento, así como una petición puntual al poder Legislativo y al Ejecutivo. La Constitución de la Ciudad de México, aprobada en 2017, garantiza el derecho al cuidado, pero aún falta legislar al respecto.

Al centro de un grupo de mujeres, Margarita Garfias. Foto: Roxana Pacheco

La batalla por la visibilidad, tan básica como salir a la calle, tuvo sus retos: personal de protección civil de la Ciudad de México, que se encargaría de la seguridad del contingente, fue tan precavido, que los condujo por calles sin tránsito, a espaldas de la Cámara de Senadores y lejos de la avenida Paseo de la Reforma, que es donde todo mundo se hace visible los domingos de paseo en bici y peatonal. No cambia el paradigma de protección que termina negando y ocultando a la persona con discapacidad y a su familia.

No obstante, se corearon las consignas: “Yo cuido 24/7 y ni las leyes me protegen” “Yo cuido de ti y quien me cuida a mi”.

Una mujer que cuida a su nieto con una enfermedad neurológica, marcha con cartél que dice: “No puedo hablar pero nací luchando y luchando seguiré hasta que el Estado garantice mis derechos. Yo cuido.”

En una carta que circula en Change.org y la que te puedes sumar, exponen las peticiones puntuales:

“Cuidemos al cuidador”, por justicia social, para cerrar la brecha de desigualdad, por derecho y porque las personas que cuidan hacen posible que la actividad económica no se detenga.

Carta en Change.org: http://chng.it/47VbKZ69KZ

Al pie del Monumento a La Madre, en la Ciudad de México, familias con hijos e hijas con discapacidad y necesidad de apoyos más intensos, se manifiestan por el reconocimiento al trabajo de cuidados.
Mujer de espaldas con una playera que dice: “Mi trabajo representa 23.3% del PIB. Hasta jornadas de 24 horas los 365 días del año”.
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