Adultos con discapacidad y en pobreza se están quedando atrás

José Luis Cruz, 55 años, con hemiplejia, en pobreza, descartado del programa Bienestar para PcD.

  • Por su edad, ya no entra en los apoyos en efectivo;
  • tiene discapacidad adquirida por derrame cerebral;
  • él y su madre subsisten con la pensión para adulto mayor, de 2250 pesos bimestrales.

Ciudad de México, 25 de julio, 2019.- A Palacio Nacional llegan cientos de personas cada día a entregar peticiones para el presidente Andrés Manuel López Obrador. Las solicitudes son de los asuntos más diversos, desde ayuda para solucionar problemas entre particulares, hasta demandas para poder tener acceso a derechos básicos como el derecho a la salud, a la vivienda, al trabajo, al transporte. 

También llegan a la sede de la Presidencia de México, personas que tenían la esperanza de ser beneficiarias de los programas sociales anunciados desde la campaña electoral, los adultos mayores y las personas con discapacidad de las zonas más marginadas del país o simplemente en situación de pobreza, además del programa de becas y espacios laborales para los jóvenes. Pero por el retraso en el registro o censo de beneficiarios, las pensiones y ayudas económicas todavía no están en manos de los más necesitados.

Es el caso del señor José Luis Cruz Yáñez, con adquirió una discapacidad hace tres años por un derrame cerebral que le causó parálisis en el lado derecho de su cuerpo. Tiene dificultad para hablar, también para caminar, pero lo hace apoyado en un bastón y con ayuda de su madre, de 70 años de edad. Es soltero y no tiene hijos.

José Luis Cruz y su mamá, María Paula Yáñez sentados en oficina de atención ciudadana de Palacio Nacional

“Vengo porque estoy discapacitado”, nos comenta José Luis, quien trabajaba como electricista.  Aunque las secuelas físicas que le dejó el derrame cerebral son evidentes, en el municipio de Tultitlán, donde vive, le dijeron que no tiene discapacidad y que sólo reconocen como “discapacitados” a quienes les falta un ojo o una pierna. Además, por su edad, 52 años, no puede ser beneficiario de la ayuda económica de 2250 pesos bimestrales (casi 120 dólares) que, según las reglas de operación de este programa del gobierno federal, sólo se otorga a personas con discapacidad menores de 29 años y que habiten en zonas marginadas. El presidente López Obrador recorre los estados del país entregando estos beneficios y en cada ocasión subraya que se les da prioridad a los niños y niñas en pobreza.

La situación de José Luis demuestra los límites de este programa de pensiones o ayudas económicas, porque deja al margen a los adultos con alguna discapacidad y en edad productiva, porque no va acompañado de otras políticas públicas como, por ejemplo, fortalecer los servicios de rehabilitación para garantizar el acceso a la salud y también para reinsertarse en la vida laboral, lo que beneficiaría a adultos con discapacidad en edad productiva. Tampoco se está destinando presupuesto para mejorar la accesibilidad en el transporte.

El señor José Luis y su mamá, la señora María Paula Yáñez, viuda, viajaron dos horas desde su casa para entregar en Palacio Nacional la carta en la que piden al Presidente que atienda su situación precaria. Aunque usaron el tren suburbano, que cuenta con más accesibilidad que otros medios de transporte, tuvieron que recorrer un tramo en taxi, lo que afecta gravemente su bolsillo. 

Y se vieron en la necesidad de viajar desde Tultitlán porque vieron que allá no tendrán posibilidad de acceder a ningún apoyo. Tultitlán, es un municipio del Estado de México, que está en la zona conurbada con la capital del país, poblada principalmente por la migración interna, con 34% de sus habitantes en pobreza moderada y pobreza extrema (Coneval), una zona que en el paisaje urbano se reconoce como esa zona de cerros pelones de árboles y poblados de viviendas precarias. Los servicios de salud son escasos y los que hay también son precarios.  

José Luis nos comenta que después de sufrir el derrame cerebral recibió terapia en la URIS, Unidad de Rehabilitación e Integración Social, un servicio que depende del DIF Tultepec. Pero sólo tuvo acceso a este servicio durante un año, después le dijeron que ya no era necesario que siguiera llegando porque lo daban de alta. No entendió por qué, si seguía sin recuperar su movilidad y sin poder reintegrarse al trabajo. En su opinión, habría mejorado con las terapias, pero simplemente le dijeron que ya no lo iban a seguir atendiendo. 

En su página web, el URIS anuncia que “brinda atención integral multidisciplinaria a todas las personas que presenten algún tipo de discapacidad para fortalecer su recuperación” y que “tiene como misión atender al 100 por ciento de la población con discapacidad”. Pero esta promesa de servicio no se cumplió en el caso de José Luis.

La señora María Paula, que por su edad ya no consigue trabajo y no cuenta con seguridad social, nos comenta que buscó otro servicio para continuar con las terapias para su hijo, pero sólo encontró la opción de unas camas de masaje conocidas como “Ceragem”, que ofrecen servicio gratuito, pero quedaba un poco lejos de donde viven, por lo que tenían que gastar en taxi y a fin de cuentas resultó incosteable. 

A duras penas sobreviven con los 2 mil 550 que la madre recibe cada dos meses del programa de la Secretaría de Bienestar para adultos mayores; es decir, cuentan con 281.20 pesos (14 dólares) cada semana, si no hay algún atraso en el depósito de esta pensión asistencial que esperan cada siete u ocho semanas.  En esa situación de precariedad y desesperación han hecho el recorrido, con la esperanza de que el presidente se entere de su situación y les pueda “ayudar” con una pensión o una beca, para no pasarla tan mal viviendo en pobreza y con discapacidad en Tultitlán, Estado de México.  

La carta que José Luis escribió con su mano izquierda y que entregó con ayuda de su madre en la oficina de Atención Ciudadana de la Presidencia, está dirigida a Andrés Manuel López Obrador a quien con palabras amables le dice:

“Yo recibí una parálisis cerebral, como ve ya no puedo trabajar, yo le pido de la manera más atenta una pensión o una beca para seguir sobrellevando mi enfermedad. Esperando contar con una respuesta favorable y agradeciendo de antemano la atención brindada quedo de usted como su seguro servidor.”

En el tiempo que estuvimos en la oficina llegaron varias personas con alguna discapacidad, ¿cuántas llevarían una petición similar a la de esta familia? 

A las redes sociales de Dis-capacidad.com llegó este mensaje de Nestor Castro (ciego de nacimiento, 44 años): 

“Sr presidente @lopezobrador_ voté por usted porque dijo que las personas con discapacidad íbamos a estar mejor. Me liquidaron de un municipio morenista, he buscado trabajo, ni beca ni nada. Podría interesarse en mi situación. ¡Gracias, soy psicólogo y me gustaría trabajar!”

La petición reiterada al presidente López Obrador es que haya trabajo, salud, transporte accesible, en otras palabras, que haya inclusión y no sólo una pensión que, como se ve, no es universal. 

Son los límites del programa de la Secretaría de Bienestar para personas con discapacidad, que, contrario al lema de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, adoptados por el gobierno mexicano, está dejando a muchos atrás.

Foto de la carta de José Luis al presidente López Obrador
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