La pandemia reveló que la sociedad no es para todos, ¿por qué eso no nos sorprende?

Por: Enrique Vázquez

Ciudad de México.- Con el pasar de los días y navegando en los diferentes medios de comunicación, llamó mi atención una imagen que circulaba en la red que decía: “Si  después de esto no cambiamos nuestra forma de pensar, entonces no hemos aprendido nada”. Fue una frase contundente, sin duda, que se atiborró de likes y reacciones, no sé cuántos miles de shares y felicitaciones para la persona que tuvo el atino de compartir esta frase para motivar a los lectores. A pesar de toda esta reacción de “optimismo momentáneo”, a mí más que alegría me detonó la siguiente duda: ¿Cambiar qué? ¿Aprender qué?

Ante estas dudas me puse a ver cuales eran las preocupaciones que aquejan a las personas por esta situación de la pandemia: muchos posts acerca de valorar la cercanía de “los tuyos”, de valorar lo afortunados que somos de poder salir a trabajar, lo importante que es convivir y conversar frente a frente con la gente, la importancia de haber perdido la posibilidad de compartir contacto físico con nuestros seres queridos… Ante toda esta serie de ejemplos yo seguí preguntando: ¿Qué cambia? ¿Qué hay que aprender?

Al pertenecer al colectivo de las personas con discapacidad (o diversidad funcional, como prefiero llamarlo para poner la responsabilidad en donde va) me he dado cuenta de que, en muchos casos, la persona con discapacidad carece de todas esas cosas, acciones y oportunidades que tiene la gente que funciona “normalmente” (o hegemónicamente, dirían algunos exquisitos).

Y es que no pude evitar pensar en aquellas veces en que la gente no se dirige directamente a mi o a mi rostro para hablar conmigo, las veces que la gente no me dirigía la mirada por “miedo a parecer mal educada” , las veces en que un niño o niña quería acercarse a jugar conmigo y se lo impedían con una angustia tal que sigo sin explicarme; pienso también en las personas con discapacidad que no pueden tener un trabajo porque “de qué serviría”, pienso en las personas que están internadas forzadamente y no puedo evitar imaginarme que no existe diferencia con lo que pasaría si alguien en estos días se te presente como: ¡Hola, soy Enrique y tengo Covid-19!

 Después de este panorama me puse a ver las opiniones de académicos y académicas, filósofos y filósofas de todas las corrientes, que atienden a lo que ellos quieren llamar “diversidad”, (que en estos tiempos se restringe a mujeres y personas de la comunidad LGBTTIQ+ que tienen la posibilidad de que su funcionalidad les permita expresar su opinión y reclamar sus derechos), o que hablan de lo que la epidemia ha dejado ver: 

  • El fracaso del sistema económico que tiene occidente.
  • Mujeres que hablan de corresponsabilidad afectiva y medidas de colectivización como alternativas después de la pandemia,
  • Gente que habla de la Big Data como el siguiente paso para lograr una observación y manejo de la información.

En ninguno de estos casos aparecen las personas con discapacidad, ya sea porque no las miran, porque no las quieren ver, o porque no se ve a este colectivo como un agente social capaz de aportar algo a la discusión. En los casos más obscenos, personas SIN UNA DIVERSIDAD FUNCIONAL se atreven a hablar en nuestro nombre, regodearse en sus curules, sus puestos, sus academias para poder decir que se preocupan por aquellos que nadie mira sin tomar en cuenta que eso es lo mismo que hacen todos los activistas de sillón: Hablar de lo que sé que es y no de lo que las personas viven.

Por eso ahora, a través de este Megáfono vamos a gritar con las letras, vamos a decir lo que nadie dice y a prestarles nuestro punto de vista, más allá del porno aspiracional del que están acostumbrados a mirarnos, vamos a decir lo que haya que decir y ahora, que nadie puede huír, tendrán que leer en aras de pensar que saliendo de esta pandemia NADIE, repito NADIE se quede encerrado.

En la foto, Enrique Vázquez, lleva lentes y apoya su rostro sobre su mano derecha lo que le cierra un poco el ojo.

Comparto lo que dicen algunas personas pensadoras de que esta pandemia del Covid-19 ha dejado ver las debilidades de la sociedad, pero yo creo que no se trata de las debilidades de un sistema económico; ha dejado ver los grados de importancia que ocupamos las personas en el orden social actual y me temo que no nos está gustando lo que estamos viendo.  Nos estamos dando cuenta que, dentro del pánico está la lógica del “yo primero”, de que hay quienes creen que “merecen la atención” antes que otros. 

Y esto es así porque antes de la pandemia no habíamos logrado hacer de la colectividad una costumbre, es decir, algo que no nos brinde ni mayor o menor puntaje en la escala de “superioridad moral” sólo algo que pueda encuadrar las acciones y decisiones que tomamos.

Y es que en esa colectividad no estamos las personas con diversidad funcional, a pesar de que somos nosotros quienes hemos adoptado medidas para poder pertenecer a una ciudad, a una vida, a un imaginario social del que no formamos parte, aprendimos a subir escalones sin piernas, a escuchar y a mirar sin oídos funcionales, a seguirle el ritmo de pensamiento a personas poco empáticas e impacientes, a manejar las emociones ante las personas que, la única diferencia que tienen conmigo es que su “trastorno” es mejor visto que el mío (si, hablo de ustedes que se la viven en la “depre” y “la ansiedad” y se relacionan con personas a través de esas palabras, oportunidades que no tiene alguien que no está en la depre, sino que está en la “esquizo” o en el “TOC”). 

Lo que esta pandemia está dejando ver es que, para sorpresa de ninguna persona con diversidad funcional, la sociedad no es para todos; que la dialéctica sigue siendo de “sanitos vs. enfermitos” y como los segundos asi estaban desde antes “pus ¿pa qué sirve esforzarse?”

Y es que NADIE SE QUIERE HACER RESPONSABLE DE DE SÍ MISMO NI DE SUS PREJUICIOS, nadie se atreve a pensar que una persona “así como está”, “así tullida, sordita, tontita, cieguita, loquita y todo”, quiere, puede y está en SU DERECHO de convivir con los demás. De salir a la calle sin tener que usar un “cubrebocas social” para esconder que funciona diferente, sin tener que vivir la situación de “no teniamos pensado que alguien como tú fuera a venir aquí”, del mismo modo en que este país reaccionó ante el COVID-19. “No teníamos pensado que un virus chino fuera a venir aquí”. Igualito, cuando aparecemos en el espacio público todos corren como gallinas sin cabeza.

Me asusta un poco que un virus altamente contagioso haya sido lo que se requería para que la gente pudiera darle importancia a la convivencia, a salir a orearse, simplemente a convivir unos minutos con alguien más. ¿Verdad que pesa? ¿Verdad que altera tus sentidos? ¿Verdad que uno se siente como que no es dueño o dueña de uno mismo? Si sólo reparamos en estas 3 preguntas, podemos darnos cuenta de los estragos que puede causar en una persona estar encerrado. Entonces, ¿Qué les hace pensar que el encierro es beneficioso para quien sea?

En México es común que se use como castigo para las personas que cometen un delito el  estar encerrado por un tiempo arbitrariamente indefinido, ojo que aquí usé la palabra arbitrario porque, por más purista que quiera ser una persona en materia de las leyes, no hay manera de determinar un tiempo justo para que este castigo tenga efecto. Lo peor del caso es que las personas con discapacidad (intelectual o psicosocial en la mayoría de los casos), tienen que cumplir esta condena arbitraria por un delito absurdo que se puede explicar como: ‘Los que si funcionamos hegemónicamente, no sabemos cómo tratarte y por eso, mejor te guardamos hasta que indaguemos cómo’.

Por otro lado, las personas tienen miedo de ir con un psicólogo porque “aún no se sienten tan mal”, “el psicólogo es para locos o personas sin solución”, pero son las mismas que juzgan a quienes van a pesar de los miedos, los estigmas y los prejuicios y deciden tomar cartas en el asunto para poder convivir y encontrar nuevas maneras de estar con los demás y, paradójicamente, son como los clavos que intentan sobresalir; son los primeros en recibir los martillazos del prejuicio o el asombro de haber acudido a alguien cuando “esos problemas se resuelven solos”. Sí, así de arbitrario y ese pensamiento, aún en estas circunstancias que atravesamos, seguimos sosteniendo.

No quiero caer en el discurso lastimero que muchas instituciones han usado para hincharse los bolsillos y decir cosas burdas como: “imagínate que no pudieras pedir un café porque eres sordo, imagínate que no pudieras ir a tu salón de clases o a trabajar porque no hay rampas, imagínate que tuvieras un hijo con retraso mental y que lo tengas que cuidar porque Dios le da sus más grandes pruebas a sus mejores guerreros”. Porque ya se lo saben. Sólo quiero hacerles ver que:

  • Si no pudieras escuchar y no pudieras pedir un café, no es por culpa de ser sordo es culpa de una empresa que no capacita a las personas a brindar atención a cualquier persona que quiera un café.
  • Si no pudieras ir a trabajar o a tu salon de clases porque no hay rampas, la opción no es que te rehabiliten para caminar es que las escuelas y las empresas deben tener en cuenta que las personas que laboran pueden tener cualquier tipo de funcionalidad (congénita o adquirida) y deben contar con protocolos e infraestructura que permita que puedas hacer tu trabajo.
  • Si tuvieras un hijo o hija con retraso mental lo cuidarías toda su vida como cualquier padre o madre cuida de sus hijos, porque la crianza y el crecimiento no sólo dependen de casa, también de los entornos sociales y las redes de apoyo, porque NADIE puede hacerlo todo a solas, por su cuenta.

Después de esta pandemia en la que todos estamos luchando, literal o metafóricamente, por nuestra vida, me apego a uno de los “mantras” de redes que han circulado en estos días:Nos quedamos en nuestra casa para que cuando podamos salir, no falte nadie…

Pasando la pandemia, la lucha será por la LIBERTAD DE TODOS de vivir esa vida que defendimos quedándonos en casa, a lo cual pondría un adendum a la frase anterior:

Y cuando no falte nadie, por fin se escuche la voz de todos.

Que este Megáfono nos sirva para ampliar la voz de los que no han o hemos sido escuchados, que rescate del secuestro en el que algunas personas tienen a la palabra DIVERSIDAD y que acabemos con esta epidemia de LOS ENTORNOS DISCAPACITANTES, LAS ACTITUDES SEGREGANTES…

Porque mi parálisis sea sólo cerebral y no social.

@Kikebienparado

12 Pensamientos

  1. Kike, excelentes reflexiones, me parece que es justo el punto al que debemos aspirar, a que se escuche la voz de todos. No soy experta en la materia, pero hice mi tesis de maestría justo sobre la idea de transitar hacia la Diversidad Funcional en México, precisamente con esa misma idea que planteas de forma tan clara. Motivas mi tesis doctoral, gracias!
    P. D. Ya había puesto tus videos a mis alumnos y ahora se hará obligatorio leer esta reflexión tuya.

    1. Me encantaría poder platicar contigo acerca de lo que estás haciendo para colaborar de forma más activa en esas ideas.

  2. Gracias por compartir tu experiencia, me quedé reflexionando un rato en que algunos hemos vivido algún tipo de exclusión y agresiones por ser diferentes, muchas veces no entendimos por qué fuimos agredidos, por qué tuvimos que lidiar en soledad o en familia esa exclusión y agresiones. Aprendimos a adaptarnos con el tiempo. Algunos otros, a partir de esas experiencias tan desagradables aprendimos a valorar a cada uno de los seres vivos y aprendimos a darle al otro lo que nunca nos dieron.

    1. Y esto NO ES RESILIENCIA porque llamarlo así nubla que este abandono, agresiones y exclusiones NO DEBIERON EXISTIR NUNCA.

  3. Muy acertado y reflexivo artículo, te felicito por tan profundo análisis, considero totalmente que esta situación nos está desnudando para re-considerar en que hemos puesto nuestro valor y hacia donde necesitamos dirigirlo ahora. Todos tenemos el derecho de la sociedad y esto nos dice que los que solemos llamarnos funcionales hemos generado caos y miseria en la sociedad. Un abrazo.

    1. Y que son ustedes quienes también tienen que generar una alternativa a ese caos y miseria, porque muchas personas con diversidad funcional estamos haciendo nuestra parte.

  4. Excelentes palabras, mejor dicho no pudo estar. Soy mañana de una niña con discapacidad Intelectual y motriz, esa ha Sido mi lucha también que no sean ignorados, que sean más visibles y que haya una mayor inclusión. Gracias por tus palabras

  5. Felicidades Quique excelente reflexion . Las crisis nos dan buenas oportunidades de ver las cosas desde otras perspectivas. Que estan enfrente de nosotros y no las queremos ver. La empatia no todos la practican . Te mando un fuerte abrazo.

    1. Y en este caso, la pandemia me ha dado la oportunidad de compartir un análisis que se compone de muchas ideas maceradas de hace tiempo y que, aprovechando que hay muchas personas en sus casas detrás de un ordenador, ahora tienen tiempo (y tal vez ganas) de leer.

  6. Excelente, E X C E L E N T E artículo. Lo aplaudo con todas las letras. Le verdad ha sido dicha… he trabajado por algún tiempo con el entorno de las «discapacidades» y coincido contigo que, no se trata de incluír a las personas con diversidad funcional a la sociedad, sino la sociedad es quien debe ser quien garantice la buena convivencia social sin exclusión pero fortalecida por las diferencias. Gracias por tan gran aprendizaje. Permíteme compartirlo en mi redes.

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