Jazmín: que no comiencen los despidos a trabajadores con discapacidad

Por: Jazmín Martínez

Hace un mes cuando este tema apenas empezaba a ganar «credibilidad» entre las autoridades de México, pues estábamos entre abrazos y amuletos o invitación al inicio de la sana distancia, decidí pedir unos días para descansar, hacía año y medio que no lo hacía. Como el panorama en México no era catastrófico decidí viajar a Oaxaca. Tampoco había restricción de ir a las playas.

En el hotel nos recibieron ofreciéndonos gel antibacterial y sin saludos de mano pero siempre cordiales. Iba determinada a relajarme y a disfrutar de lo que hacía tiempo no había podido hacer. Investigamos y estaba complicado asistir a algunos paseos  por la falta de accesibilidad, donde mi silla de ruedas y movilidad reducida derivada de la artritis se vuelven todo un tema. Usualmente camino distancias cortas y necesito apoyo para otras cosas, así que la decisión sobre a dónde ir a pasear se basó en que hubiera quién me ayudara a subir y bajar de la camioneta que nos iba a transportar aunque para ello hubiera que pagar por la asistencia. Sí, así como lo leen, había que pagar por el derecho a la accesibilidad, prerrogativa que el estado tiene la obligación de garantizar y proporcionar. Ese mismo día por la tarde salimos a un tour a la ciudad, el chofer fue quien me cargó para subir y bajar y nos apoyo para colocar mi silla cada vez que la necesitaba. Conocimos diversos lugares donde degustamos mole, chocolate, chapulines y mezcal. Fue muy interesante, colorido y todos fueron muy amables. Al regresar al hotel y ya que era la segunda vez que íbamos, pensamos que habría alguna actividad en sus instalaciones, sin embargo, no fue así, por el tema sanitario se restringieron las actividades…

Al día siguiente no salimos, pero en los restaurantes del propio hotel ofrecían gel antibacterial antes de entrar y salir, también las mesas cumplían con la sana distancia; hicimos actividades en el spa donde el sauna estaba vacío y para los demás servicios cada persona era atendida en un cuarto distinto…

Para el tercer día elegimos un tour de bahías… Primero nos transportaron en una camioneta hasta un puerto, después el recorrido fue en una embarcación tipo ferri, conocimos 6 y sólo bajamos en dos, en la primer bahía la actividad era hacer snorkel en mar abierto, no sé nadar ¿pero qué creen?!!, Sí me atreví. Por lo general intento hacer algo nuevo cuando salgo de vacaciones. El guía de turistas y dos buzos entraron con el grupo al mar, el guía iba conmigo,al principio sentí que se me salía el corazón pero apliqué el inhala y exhala, después solo floté ayudada por el chaleco salvavidas y pataleando de reversa hasta donde se observaban los peces. Comimos en la segunda bahía donde descendimos. Uno de los chicos del Ferri era quien me cargaba para subir y bajar de la embarcación.

El cuarto día fue sólo tirarse en la playa y para ello necesité ayuda de personal del hotel pues había un escalón para llegar a ese nivel y llegar a los camastros (mi silla se atoraba) pero el personal fue muy amable y dispuesto. Por la tarde cuando estaba tomando el sol, recibí una llamada de mi trabajo para avisarme que el lunes no debía presentarme a trabajar pues, ante la pandemia, había sido asignada para trabajar desde casa pues por mi condición de salud no debíamos correr riesgos, que me avisarían después cómo sería todo.

El último día del viaje, no hubo grandes actividades más que ir a conocer el mercado de artesanías y esperar al transporte que nos llevaría al aeropuerto. En el aeropuerto de Huatulco nos hicieron llenar un formulario de unas cuantas preguntas, cuestionario que no entregaban a todos los pasajeros. ¿Sería porque tengo una condición de discapacidad física que hizo que dieran por hecho que sería posible portadora del virus? Lo llenamos y en el filtro sólo revisaron que estuviera requisitado pero nadie lo conservo, pensé que en el avión o tal vez en el aeropuerto de la CDMX quizá lo pedirían, pero no!

Por cierto, es importante señalar que, la tripulación del vuelo de regreso fue cero empática conmigo, en ningún momento preguntó si necesitaba apoyo para llegar hasta el asiento asignado, ni para subir la maleta al compartimento de arriba, al bajar solo miraban como diciendo: «¡apresúrate que eres la última!», ni pensar que me ayudaran a bajar la maleta… de nueva cuenta la Convencion de los Derechos de las Personas con Discapacidad y la Ley de Aviación Civil que contemplan el derecho al transporte accesible fueron ignorados, qué decir del trato digno…

Durante mi estancia en el hotel en las noches pude ver un poco de noticias y cada vez la situación mundial se veía peor y eso lo confirmé al llegar a la CDMX, la gran mayoría de los viajeros portaban cubre bocas…esa fue la última vez que me dió el viento en la cara.

Foto de  Jazmín Martinez sonriente, con lentes oscuros, sentada en una embarcación., detrás se ve el mar.
Foto de Jazmín Martinez sonriente, con lentes oscuros, sentada en una embarcación., detrás se ve el mar.

Los siguientes dos días estuve un poco nerviosa pues ahora sí el panorama en México ya era preocupante, aunado a que no sabía cómo sería la dinámica del home office (es la primera vez que trabajaría de está forma), no sé si a todas las personas sin importar si tienen o no discapacidad, los cambios las ponen nerviosas, por lo menos a mí sí… de hecho, ¡me ponen los pelos de punta!

El día lunes se abrió la oficina virtual a través del grupo de WhatsApp y el correo personal, no sabía cómo atender algunas cosas pues no contaba con toda la información que tengo en la computadora de mi oficina pues antes de mis vacaciones no sabía que esto sucedería… Me sentí nerviosa y hasta me pensé incapaz de sacar el trabajo adelante y sentía la zozobra de, qué pasa sino cumplo. Pero se me ocurrió una idea: pedí autorización para que copiaran la información que consideré de mayor utilidad en una USB y mi mamá fuera a recogerla al trabajo. Para la tarde – noche yo ya tenía, sino toda mi información, sí algo con que poder trabajar y eso me dio paz.

No tengo todos los elementos como si estuviera en la oficina, sin embargo, si me quiere entrar la incertidumbre, el nerviosismo o el estrés,hago respiraciones. La jornada de labores es normal de lunes a viernes, por lo que pasó ocho horas frente a una laptop y todo el tiempo pendiente de las instrucciones que se mandan por WhatsApp o correo, hablo con clientes, etc…

¿Saben?, bien dicen que todo pasa por algo y justo los cinco meses de incapacidad laboral que pasé hace un año a causa de una lesión me prepararon para esto, pues me enseñaron a ser paciente, a entender que hay cosas que no está en mis manos resolver y que la salud es primero.

Voy por la cuarta semana y contrario a los pronósticos, no me siento ansiosa por el encierro como mencionan algunas personas que les está pasando. La razón es sencilla, las personas con discapacidad estamos acostumbradas a estar en casa, esa fue mi etapa laboral inicial antes de que alguien confiara en que era capaz de salir y participar en una ambiente de trabajo, ello aunado a que las personas con discapacidad solemos ser más disciplinadas en el cuidado de la salud. Digo esto tomando en cuenta que en esta emergencia sanitaria el gobierno no ha establecido medidas precisas y a fondo para el cuidado y atención de este grupo en mayor riesgo de adquirir COVID-19.

Durante algunos días ha corrido fuertemente el rumor de que no habrá respiradores suficientes ni material para atender a toda la población enferma y que llegado el momento el personal medico tendría que decidir, eso por supuesto que me dio temor, ¡legar a enfermar y no ser atendida! Ese rumor pareciera que se ha convertido en realidad, mediante un documento que el gobierno llamó «Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica» donde se establecen criterios para decidir ante la carencia de material médico a cuáles pacientes se les darán mayores insumos de acuerdo a las posibilidades que tienen de recuperarse, apegándose al historial clínico, edad, padecimientos preexistentes, sexo, entre otros.

Concluyo diciendo: el derecho a la salud como todos los derechos humanos, es general e igual para todos. No es optativo, señores. Quién puede decir quién es más merecedor que el otro. No me gustaría estar en los zapatos de los médicos… Reflexionemos y no confundamos el tener una condición de vida, como lo es la discapacidad física, con ser un enfermo terminal. Tampoco quiere decir que tengas menos posibilidades a recobrar la salud. Por eso la mejor solución es cuidarse y quedarse en casa.

La situación económica en todo el país se vislumbra complicada, no solo en el cierre del año sino también para el siguiente, ante la larga cuarentena que tendremos. Sólo pido que si bien no habrá utilidades en las empresas, no comiencen a despedir personas en atención a la edad, personas con discapacidad, etc., es decir, que no haya despidos con base en las personas que fueron asignadas a guardar la cuarentena y hacer home office…

Ante la incertidumbre, lo que nos resta es mantener la mejor actitud, mentalizar en positivo y hacia adelante, unidos y siempre agradeciendo por lo que tenemos sea mucho o poco! Faltan todavía varias semanas de aislamiento y me tocará celebrar mi cumpleaños con comida casera, una copa de vino y un modesto pastel, sólo en compañía de mi mamá, y eso no me pone triste, todo lo contrario, ¡celebraré muy feliz la vida, la salud y todas las bendiciones que se me han dado!

P.d. se aceptan mensajes de felicitación, llamadas y regalos por paquetería jiji

2 Pensamientos

  1. Hola dis-capacidad.com
    Hola Jaz,

    A mi equipo y en particular a mi nos enorgullece enterarnos y sobre todo conocer a personas tan maravillosas como tú. En opinión personal, estoy de acuerdo con lo que comentas, pues es causa de preocupación el quedarse sin el aporte económico y más que sea . La parte donde comentas que la vida nos prepara… Es una excelente cita para compartir mi opinion ante esta situación y la misma concatenarla al contenido del artículo. Es probable que pasen muchas cosas como también es posible que no sucedan, pero en última instancia, “ es la montaña la que decidirá quién y como va hacer escalada, la que decide quien llegará a la cima y quien sólo al primer campo de concentración” y siempre habrá un .

    Podemos estar muy preparados, pero eso jamás nos asegurará que estamos seguros y a salvo.”

    En conclusión, pienso que toda situación (buena o mala) puede ser una oportunidad y las oportunidades que mejor saben son donde uno mismo tomo las decisiones…

    Te mando un fuerte abrazo y Bendiciones Jaz.
    Atte: Tu amigo Kikis 😉

    dis-capacidad.com, gracias y felicitaciones buen Post.

    1. Hola Kikis, de principio te agradezco el tomarte el tiempo de leerlo y dar un comentario.

      Me da mucho gusto saber que a tu equipo y a ti les haya gustado y les provocara un efecto positivo que los hiciera reflexionar, esa es la finalidad de este foro, el llamar la atención y haber visibles las situaciones que vivimos las personas con discapacidad a diario no solo derivado de la pandemia actual… Ojalá se puedan obtener respuesta en un futuro muy próximo en los los ámbitos.

      Me gustó mucho la conclusión con la que cierras, eso en realidad es dejar fluir y confiar en Dios.

      Saludos y bendiciones también para ti.

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