«Mi dulce oficio», pasteles para la inclusión laboral en Monterrey

Jazmín Pulido Cruz ha tomado como misión de vida el compartir un modelo de capacitación laboral y autoempleo para personas con discapacidad y sus familias. Hace seis años, Jazmín, secretaria ejecutiva y mujer con discapacidad motriz por secuelas de Parálisis Cerebral Infantil (PCI), se quedó sin empleo; buscando opciones y viendo las dificultades que ella y otros como ella tiene para conseguir un empleo, recurrió al oficio y tradiciones familiares: su mamá y su abuela hacen unos pasteles deliciosos.

Jazmín tomó la repostería como nueva actividad económica para ella y empezó a generar ingresos. Su esfuerzo fue más allá del ámbito personal e ideó crear un espacio para dar clases gratis en su comunidad, con la idea de compartir la ruta que ella había encontrado para superar las barreras de la falta de opciones laborales para personas como ella o para jefas de familia donde hay niños y jóvenes con discapacidad.

Foto en blanco y negro de Jazmín Pulido, de pie, sonriendo, al frente de la cortina de metal de una tienda.

Así nació “Mi Dulce Oficio”, en Monterrey, Nuevo León. “Yo tengo una misión, hacer todo lo que pueda por la inclusión de las personas con discapacidad y motivar a otros a que lleven a cabo eso en lo que han pensado por tanto tiempo”, asegura Jazmín Pulido. En esta labor, también descubrió que en torno a la repostería se pueden crear espacios de convivencia y empoderamiento de los cuales hay gran necesidad entre las familias de personas con discapacidad.

Con recursos propios, sin apoyos del gobierno, tejiendo redes solidarias entre asociaciones civiles, este emprendimiento logró sobrevivir a la pandemia. Las clases de repostería continuaron en formato digital, Jazmín se adaptó a los nuevos tiempos y continuó su labor en línea.

Durante un taller, niños y niñas con discapacidad intelectual, acompañados de sus mamás, aprenden a hacer cupcakes. Visten playeras blancas y portan delantal y cofias. (Foto: Cortesía Mi Dulce Oficio).

“El objetivo es demostrar que sí se puede”, comenta Jazmín, quien al poner en marcha “Mi Dulce Oficio” se dio cuenta de que había una gran necesidad de espacios como este, que la gente está buscando opciones de desarrollo, de capacitación, de espacio donde puedan expresar su creatividad, mostrar sus habilidades y pensar en un mejor futuro.

Jóvenes con discapacidad motriz, con discapacidad intelectual, con autismo, han sido parte de las clases y talleres que se imparten en este proyecto. La asociación Mano de Ángel ha sido una aliada, al igual de Nuevo Amanecer y Effeta, importantes organizaciones de la sociedad civil de atención a niños, niñas y jóvenes con discapacidad intelectual en Nuevo León. Jazmín también ha colaborado con los CAM (Centros de Atención Múltiple, escuelas públicas) donde ha llamado la atención su labor.

Imagen promocional de un curso gratuito de cupcakes, realizado en colaboración con la asociación Effeta, en Monterrey. (Cortesía: Mi Dulce Oficio).

Sin embargo, la pandemia también ha implicado retos, el cierre de espacios de convivencia ha afectado en especial a las familias con personas con discapacidad. Por ello, Jazmín ha aumentado su presencia en redes sociales, en particular en Facebook, donde comparte información de interés para sus seguidores. En lo personal, ella ha podido continuar en esta labor conservando su trabajo en una aseguradora donde le han permitido hacer home office para reducir el riesgo de contagio de Covid19.

No estaría mal que el gobierno entrante en el estado de Nuevo León voltee a ver emprendimientos como el de Jazmín Pulido para apoyarlos en beneficio de la población con discapacidad en el estado.

Conoce “Mi Dulce Oficio” en: https://www.facebook.com/midulceoficiofoodblog

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